¡Quieran Oirlo los Hombres!

Conversaciones sobre Antroposofia


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España…

Ya se que nunca enterraste al Héroe. Que sigue cabalgando generoso, yermos caminos polvorientos.

Derrotado, cárdenos ojos de extraviada mirada.

Pálido conjuro de bermejos amaneceres sorprenden la vigilia.

El astado, la paloma, el cuervo y la corneja, también la corneja, desatan la guerra contra los pálidos caballeros de la oscuridad.

El Héroe se yergue entre las entrañas de la tierra y mira al cielo.

El águila imperial

ha declinado el vuelo.

Ha quedado sin máscara.

Ha parido reyes y tiranos,

curas, generales y soldados.

Bombardeado centellas

y esparcido truenos,

átomos enloquecidos,

argollas, cadenas, esclavos . . .

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Shakespeare, Cervantes y su obra

Es difícil, pero es lo más aconsejable, cuando pretendemos tratar una época alejada en el tiempo; intentar, sin escatimar esfuerzos, de empatizar con ella. Intento que, para no conducirnos a equívocos  lamentables, se hace imprescindible y necesario. Por ello si queremos reconocer, no en toda su extensión (eso es imposible) el ambiente social, ético, político, estético y religioso que rodeo a un autor, es necesario que tratemos de recuperar, en la medida de lo posible, la sociedad en la que se desenvolvió y la que, muchas veces como su consecuencia, hizo posible la obra universal.

En el caso que nos ocupa, y sólo desde esa perspectiva, podemos descubrir las fuerzas de cambio que están operando en ese tejido social y que avivan la capacidad imaginativa del autor. Imaginación creativa que hace posible la aparición de personajes identificados con los problemas de sus siglo y que, surgidos de ellos, expresan sentimientos, pensamientos y acciones que serían imposibles en otras circunstancias.

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Anexo al 15 M

Artículo por Antonio Martínez Alcalá.

Estoy convencido de que el movimiento que se ha originado, si quiere seguir adelante, tiene que empezar a darles sentido, no el que ahora tienen, sino el genuino y verdadero a realidades de la vida práctica que, nada tienen que ver, con lo que han sido convertidas por la cotidianidad de nuestros días. Aspectos como las relaciones sanas entre lo político, lo jurídico y lo cultural; el dinero; el concepto de salud; la relación con la naturaleza; la agricultura; las relaciones humanas. . . tienen que ser revisados, desmontados y rehabilitados bajo otros puntos de vista más éticos, más humanos, más verdaderos, más eficaces y más eficientes.

De entre todos ellos, he elegido uno que no he enumerado, pero que para mi es de los más importantes y decisivos: la educación. En la actualidad si nos paramos a hacer un pequeño análisis de su situación, entre otros, pronto nos damos cuenta de que persigue fundamentalmente dos objetivos: capacitar al niño para su vida de adulto, intento que sería deseable, si no escondiera una segunda intención, la de hacerlo según las necesidades no de él, sino las del modelo de sociedad vigente en ese momento y en ese lugar. Esta trampa está también urdida que resbala sobre las conciencias, sin que éstas se alerten del grave peligro que acecha detrás de esa tendenciosa intención. Sigue leyendo


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Anexo al 15-M.

Artículo de Antonio Martínez Alcalá.

Lo cierto es que el famoso movimiento del 15-M está, es normal no se puede hacer más, denunciando fallos del sistema, más hasta ahora no aporta nada nuevo, acaso transformaciones, mejoras en lo ya caduco y viejo, pero poco más. Sin embargo los parches para nada sirven, los problemas ya no son coyunturales, afectan a la parte más íntima de las estructuras. Están impresas en el mismo hilo de vida, o de muerte, de su propia razón de ser, desembocando en estas catástrofes periódicas que siempre pagan los más débiles. Los poderosos, en esos momentos de depresión, sanean, hacen grandes negocios, estructuran, apuntalan, regulan. . . siempre con la ayuda inestimable de la organización estatal que les da vía libre para actuar con total impunidad.

Por eso ya no nos sirve lo que hay, ni tan siquiera corregido y mejorado. Debemos, desde la conciencia, hacer un análisis imparcial, inteligente, ponderado, verdadero y basado en las leyes naturales, para, tomándolas como punto de partida, buscar una nueva articulación social que tome como base al hombre y no al dinero en su versión pervertida, a la que ha conducido su uso sin moralidad ni ética.

Por ello os voy a exponer una nueva manera de encarar la formación de la comunidad social. No es ninguna receta acaso sean las líneas básicas de un proceso que tiene que ser construido y diseñado por todos.

LIBERTAD, IGUALDAD Y FRATERNIDAD, fueron las máximas de la Revolución Francesa, en la que, no lo olvidemos, el gorro frigio del alquimista fue el símbolo revolucionario por excelencia. Siempre hay otra historia oculta.

El hombre llega a la Tierra con unas dotes y capacidades, que educación y experiencias tienen que completar para, gracias a ellas y por ellas, poder aportar desde su particular visión todo aquello que pueda ser una ayuda para completar el gesto social que tiene que acompañarlo durante su vida. A este activo individual, basado en las capacidades, le vamos a llamar valor humano.

Este valor humano es consecuencia de un cuerpo físico, otro anímico y otro de pensamiento. Cada uno de ellos tiene unos derechos particulares: El cuerpo físico le es preciso amparo en todo lo necesario para su cobijo y seguridad así como para su sustento y mantenimiento. Las fuerzas anímicas que surgen de su psique tienen derecho a poder manifestarse en libertad. Y, el Yo, a ser reconocido como persona individual dentro de la igualdad. Estos y no otros son los motores que ponen, como consecuencia de los verdaderos derechos inalienables del ser humano, en movimiento el lema universal triforme: LIBERTAD, IGUALDAD, FRATERNIDAD.

Esto aparentemente claro, no lo fue tanto cuando se intentó llevarlo a la práctica después del proceso revolucionario. Estas máximas que tienen que vivir cada una en su ámbito para desarrollarse sanamente, se mezclaron, no se entendió el procedimiento y el resultado fue la confusión que condujo al uso del poder como elemento de fuerza y al terror. Como todos los movimientos que no alcanzan a comprender que el proceso no es revolucionario, sino que enmarcado dentro de una evolución progresiva tiene que conducir a una sociedad triarticulada, terminó en el más absoluto de los fracasos. La historia es inexorable en su veredicto, todas las revoluciones terminan en una restauración o en una dictadura. ¿Aprenderemos alguna vez?

Esto que, como ya hemos visto, a simple vista parece tan obvio jamás se ha logrado. Encontrar las máximas y hacerlas vivir en el ideal no es demasiado difícil, lo complicado es crear las texturas sociales necesarias para hacerlo realidad. Lo cierto es que conocemos cuales son estos patrones, sin embargo todavía no hemos dado con aquello que los haga posibles.

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