¡Quieran Oirlo los Hombres!

Conversaciones sobre Antroposofia


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El Desafio de Rudolf Steiner II: Desde el Puente.

LAS DOS ORILLAS.

La portada original de "La Filosofia de la Libertad", publicada en Berlin, 1894.

La portada original de “La Filosofia de la Libertad”, publicada en Berlin, 1894.

En casi toda discusión o dialogo, incluyendo también (y quizá de modo aun más intenso) las discusiones en el mundo antroposófico , es muy común encontrarse con dos posiciones muy específicas. La primera es, la que yo llamo: “cada uno tiene su verdad”.

Esta posición considera la propia experiencia personal y la formulación más o menos lógica (la mayor parte de las veces sencillamente una asociación de ideas) que uno haya hecho, como perfectamente valida (en muchos casos icon el único fundamento de que “mi corazón/mi sentir me dice que es cierto”). Lo malo de esta disposición, es que, solo a modo de ejemplo, la historia nos enseña que no siempre “el corazón” (o de forma mas exacta, lo que emerge en el interior de la psique de la persona en cuestión) nos dice la verdad o “lo correcto”. Lo que el corazón le decia a Romeo y a Julieta,  a los romanos que defendían Roma de los barbaros, o a los escoceses que luchaban contra los ingleses al mando de William Wallace, esto es, que su amor triunfaria, que Roma venceria, o que los Escoceses alcanzarian la merecida independencia, no fue así en ninguno de los casos.

No hablemos de la enorme cantidad de veces en que “nuestro corazón” nos ha engañado haciéndonos creer en el amor de alguien por nosotros, en la confianza que teniamos que depositar en tal persona, o en lo espiritual de tal o cual persona o iniciativa, solo para descubrir un cierto tiempo más tarde, que aquella persona no nos amaba, que la confianza depositada no era merecida, o que lo espiritual de aquella persona o institucion era, cuando menos muy diferente de “nuestra” idea de lo espiritual.

En fin, tratamos aqui con lo que podriamos llamar “la verdad como descubrimiento subjetivo”.

Las personas, Antroposofos o no, que tienden a esta posición suelen autodenominarse “personas de sentimiento” o “de voluntad”, y suelen considerar los argumentos racionales y las pruebas cientificas como algo “frio”, “rigido” y “falto de vida”.

Resumiendo lo anterior, la experiencia nos indica que, aquello que proviene de nuestro interior, no adquiere certeza por el mero hecho de ser interior. O dicho de otra manera, lo interior puede ser tan ilusorio como lo que proviene del exterior, y del razonamiento lógico.

La segunda posición es la que yo llamo: “Mi verdad, basada en la lógica y en los hechos, es la única verdad”. Esta es la que basa la objetividad de las propias afirmaciones en la lógica interna que las sustenta, y en los supuestos hechos que las prueban. Un ejemplo de esta afirmación es la siguiente propuesta lógica:

“Juan es español.

Todos los españoles son valientes.

Por tanto, Juan es valiente”.

Se trata de un juicio “lógico”. De dos afirmaciones iniciales, obtenemos una tercera denominada “Conclusión”. Si damos por verdaderas las dos primeras afirmaciones, hemos de considerar irrefutablemente valida la tercera. Este método de pensamiento fue iniciado por el filósofo griego Aristóteles de Estagira, y se convirtió en la base de la ciencia moderna.

No obstante,  también en este caso encontramos ciertos problemas a la hora de obtener certeza. En efecto, es perfectamente posible formular una proposición lógica sin que esta sea “verdadera”. Un ejemplo de esta posibilidad sería:

“Juan tiene 20 Euros.

Cada pan del panadero vale 5 Euros.

Por tanto, Juan solo podrá comprar 4 panes”.

La lógica de esta afirmación es irrefutable. Pero no tiene en cuenta los hechos. Podría suceder, por ejemplo, que el panadero, le regalara a Juan un pan de más por su simpatía, o porque lleva muchos años comprándole al mismo panadero. El pobre Juan se llevo una buena reprimenda por parte de su madre por venir con cinco panes, acusándole de haber robado un pan al panadero, y solo puedo salir del atolladero cuando el panadero aclaró que el había decidido regalar un pan extra al pequeño Juanito.

Del mismo modo que en la anterior tendencia, existe la ilusión de que el mundo interior nos hara testigos de la verdad, en este caso, existe la ilusión de que será el mundo exterior y la lógica asociada la que nos permitirá obtener certeza. Se supone que, teniendo todos los hechos ante nuestra conciencia, seremos capaces de encontrar la verdad, la ley que regula los eventos, la certeza respecto de los hechos. Sin embargo, esta tendencia no tiene en cuenta el hecho de que la lógica como tal, tiene limites definidos de validez, tales como los definidos en el ejemplo de Juanito y el panadero.  De facto, el problema del pensamiento lógico-cientifico es dual: por un lado, la lógica actua en base a reglas de concordancia y consistencia, no siendo capaz, por ejemplo de resolver “las paradojas“. Un ejemplo de paradoja es la siguiente:

“Juan es español.

Juan dice que todos los españoles son mentirosos.”.

Si esta afirmación es cierta, Juan esta mintiendo, lo cual quiere decir que “Todos los españoles dicen la verdad”. Pero si todos los españoles dicen la verdad, entonces Juan dice tambien la verdad, de donde debemos de concluir que “todos los españoles mienten”. Volvemos a empezar!!.. Este es un ejemplo clásico de bucle lógico o cinta de moebius.

Por otro lado, la disposición lógico – científica no considera el hecho de que, tal y como esta constituida normalmente la conciencia del hombre moderno, nuestras percepciones son, por definición, limitadas. Podemos percibir algo en un momento dado, pero no podemos percibirlo, en principio, a lo largo de su proceso de desarrollo. Del mismo modo, percibimos un objeto desde un determinado punto de vista espacial, pero no podemos percibirlo simultaneamente desde todos los puntos de vista posibles. Por ello, necesariamente, siempre estamos “perdiéndonos” parte de la realidad a la hora de percibir los así denominados “hechos”.

El pensador

Las personas, Antroposofos o no, que tienden a esta posición suelen autodenominarse “personas de pensamiento” o “de conciencia”, y suelen considerar los sentimientos, las sensaciones, los presentimientos, y en fin, todo aquello semi-consciente que proviene del interior de la psique como algo “vago”, “fantasmagórico” y “falto de rigor y de fundamento”.

Por tanto, podemos ver ahora que tampoco el mundo exterior, ni el pensamiento lógico-científico nos permite obtener certeza. Lo exterior, de nuevo, puede ser tan ilusorio como lo interior.

Por tanto, justificado ya el hecho de que ni el mundo interior ni el mundo exterior nos proporciona certeza, cobra todo el sentido, volver a formularnos con toda seriedad, la pregunta del joven Rudolf Steiner: ¿Puede el pensar humano ser la base de toda experiencia que le llega al hombre desde el exterior o desde el interior, pues la duda y el juicio critico conducen siempre a la esfera de lo incierto?

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El Desafio de Rudolf Steiner I: El Descubrimiento del Puente.

Viena, 1894.

griendsteidl

El Cafe Griendsteidl en la Viena del Siglo XIX

Un joven esbelto, algo palido, de unos 33 años, escribe casi cada tarde en el cafe Griendsteidl, en la Plaza de San Miguel. El cafe, que se encuentra frente a la iglesia de San Miguel, de la orden de los agustinos, es el centro de reunión de muchos de los intelectuales de la ciudad, corazón del entonces casi invencible imperio austro-hungaro. Es la ciudad a la que escasamente diez años antes ha llegado un joven Sigmund Freud, y que ya en estas fechas ha montado su consulta privada para el tratamiento de la histeria, y escribe la obra que, en cinco años, escandalizará primero y cautivará despues a filosofos y medicos, abriendo el camino de la psicología moderna: “La interpretación de los sueños”.  Es la Viena de Brentano, quien influenciará no solo a nuestro personaje, que acudió a sus clases de filosofia en la Universidad de Viena unos años antes, sino tambien al propio Freud, y a Edmund Husserl, entre otros. Será la intencionalidad del alma en Brentano la que inspirara a Freud para desarrollar sus ideas sobre psicologia, y a Husserl su fenomenología.

Es la Viena a la que, en escasamente tres años, volvera Gustav Mahler, como Director de la Opera, tras  un largo periplo, por Praga, Budapest y Hamburgo. En definitiva, Viena es, en esos momentos, el corazón intelectual y artístico de Europa.

Cada tarde, nuestro  joven repite el mismo ritual: pide un cafe, una copa de coñac, y un cigarro. Y mientras consume primero el café y luego el coñac, poco a poco, con parsimonia, casi con disciplina mas que con placer,  fuma el cigarro, y escribe a mano, folio tras folio, como si estuviera cincelando cada palabra, cada frase.

Viste una levita negra que le llega hasta las rodillas, una corbata negra un poco anticuada, y lleva un par de anteojos que le hacen parecer inquisitivo. Su sombrero es bastante antiguo, y en conjunto parece un estudiante de teologia con pocos recursos económicos. No obstante, los parroquianos le conocen bien. Se trata del joven Dr. Rudolf Steiner. Es un discipulo del conocido profesor y experto en Goethe, Karl Julius Schröer.

Karl Julius Schröer

De vez en cuando, se celebran batallas de palabras entre los asistentes al cafe. Batallas dialécticas en las que el ingenio es importante, pero sobre todo, se hacen patentes las fuertes controversias filosóficas entre los asistentes, la importancia que dan a su visión del mundo. Como en esa discusión entre el joven Steiner y Herman Bahr: “El joven Steiner es absolutamente incapaz de seguir mi linea de pensamiento”, declaro Bahr en una ocasión, “pues esta completamente inmovilizado en sus ideas antiguas y obsoletas!!”; “Al contrario!!”, replicó el joven Steiner, “no hay nada más facil que comprender a Herman Bahr!!..Para hacerlo, solo necesito retroceder al momento de mi vida en que aun no había aprendido nada!!”.. el lector puede imaginarse como las risas de los parroquianos por la ingeniosa respuesta del joven Steiner, provocaron una respuesta aún más fiera de Bahr.

En esa época, a finales del siglo XIX, tener o compartir una determinada visión del mundo, no erá un asunto cualquiera, sino al contrario, uno muy importante. Hoy, dormidos en nuestro consumismo y en nuestra artificial y falsa búsqueda de la felicidad, hemos olvidado cuan importante es tener una visión de la vida, una “Weltanschauung”. Solo algunos “bichos raros” seguirán prestando atención a la filosofia durante el siglo XX. Pero en aquel momento, en 1894, un hombre no podia tener claridad de principios ni de valores si no tenia clara su visión filosófica de la vida.

Pero volvamos al joven Steiner. En ese contexto histórico, nuestro protagonista presenta rasgos muy peculiares. Por un lado, desde su infancia, ha experimentado en multiples ocasiones, la existencia de realidades suprasensibles o no materiales. Para él, no hay duda de la existencia de un mundo espiritual, que transcurre al lado de la vida ordinaria. y que tambien la influencia. Es más, casi se puede decir, que el mundo espiritual es más real para el joven Steiner que el mundo que todos los demás llamamos “normal”.

Por otro lado, y en paralelo a esas experiencias, el joven Steiner siempre ha buscado la forma de encontrar un puente, una conexión entre ambas realidades, que le permita comprender la relación entre ellas, y, así, poder presentar al mundo la existencia de ambas realidades y su conexión.  ¿Cómo podría si no presentar al hombre moderno los resultados de mi experiencia suprasensible?….¡No estaría justificado de un modo científico!…y por tanto, no se trataría más que de las experiencias de “otro médium”. No; era necesario encontrar un camino de ida y vuelta entre ambos mundos, un camino que pudiera ser recorrido no solo por un hombre con dones especiales, sino por cualquier ser humano moderno.

El joven Rudolf Steiner

Es por ello por lo que, con estricta disciplina, Steiner pide cada tarde, en el Cafe Griendsteidl, un café, una copa de  coñac y un cigarro. Por su propia experiencia, el joven Steiner sabe que la ingesta de cafe, alcohol y tabaco, destruye las capacidades clarividentes. Lo que provoca en cualquier otro ser humano  estimulo intelectual, así como relajación y desinhibición, destruye en en el joven Steiner  su capacidad clarividente, su capacidad de percibir lo suprasensible, puesto que las sustancias indicadas estimulan y potencian su percepción fisica, sensorial. El quiere ser como otro hombre más de su época, para, desde ahi, reconstruir el puente hacia lo espiritual de un modo tal, que cualquiera pueda recorrerlo. De un modo tal, que cualquier ser humano pueda lograr la misma certeza de la existencia de un mundo suprasensible que la que tenemos del mundo que nos rodea.

La intención del joven Steiner es, por tanto, revolucionaria: pretende construir una “ciencia” de lo espiritual, o al menos, colocar sus cimientos.

¿Cual podría ser ese cimiento solido, ese punto de apoyo que permitiera al ser humano obtener certeza de lo que se considera mera ilusión, mera creencia?… El reto no es pequeño. Se trata de unificar la esfera de la religión y de la ciencia, de unir lo que tradicionalmente ha pertenecido al dominio de la religión con lo que tradicionalmente ha pertenecido al dominio de la ciencia. Unir dos esferas de la experiencia humana, tradicionalmente opuestas. A lo largo de los años siguientes, el joven Steiner será atacado desde ambos lados, por atreverse a semejante “osadía”.

En el pensamiento científico de 1894, donde la psicología es aun una “sugerencia” científica, y las discusiones sobre el alma y sobre la capacidad de conocimiento del ser humano se realizan todavía en las cátedras de filosofía, el pensamiento kantiano y post-kantiano es la escuela predominante. Es del dominio publico el hecho de que el mundo que el ser humano percibe a su alrededor no es más que una ilusión generada por sus sentidos y su sistema nervioso (algo que no mucho mas tarde, ciencias como la fisiología y la medicina se encargarán de, aparentemente, “validar”).

En términos muy breves, la opinión general del momento es que todo lo que vemos no es más que una ilusión o proyección generada por los sentidos, a partir de los estímulos que recibe nuestros sistema nervioso. O dicho en plata, que el paisaje que vemos, la mesa a la que nos sentamos, las paredes de nuestras en casa, el tacto de las manos de un ser querido…en fin, todo lo que nos rodea no es más que una imagen que construye nuestro sistema nervioso y nuestro cerebro como respuesta a los impulsos de todo tipo, que recibimos continuamente desde el exterior (estímulos luminosos, electricos y magneticos, en forma de impactos de fotones, electrones, fuerza atractiva entre los atomos que conforman las moleculas, etc….), y ue nunca podremos llegar a percibir tal cual, puesto que nuestros sistema nervioso inmediatamente “codifica” esos estímulos y construye la imagen del mundo que vemos en nuestro derredor.

Todo lo anterior significa que el ser humano esta encerrado en una cárcel sensorial subjetiva de la que es imposible salir. Ante nosotros tenemos, pongamos por caso, una mesa, pero en realidad no es una mesa, sino un conjunto de átomos que entran en relación a través de distintas fuerzas electrico-magneticas de atracción y repulsión. La mesa que vemos no es mas que la ilusión generada por nuestro cerebro, por nuestro sistema nervioso.

Las ciencias apoyan este nuevo paradigma, derivando más y más sus experimentos hacia una supuesta realidad invisible (entonces átomos, fotones, etc… hoy taquiones, o bosones de higgings…) en la que subyacen las fuerzas causantes de la realidad que percibimos, la cual nos parece la verdadera realidad, pero que, para nuestra desgracia, es “ilusoria”. La religión, por su parte, aprovecha esta teoría filosófica (inaugurada por Enmanuel Kant, Filosofo Aleman profundamente católico) y opta por asignar a Dios el papel de realidad objetiva, creador y causa ultima de la constitución humana (así como de los atomos, fotones, taquiones y demás familia…), y capaz, en aquellos casos en que el lo considera adecuado, de iluminar al hombre, permitiéndole atisbar el reino de lo espiritual, en que viven las verdaderas causas de las cosas, siguiendo la voluntad del Creador.

Inmanuel Kant

Esta visión del mundo tomo en su dia el nombre de “Idealismo Trascendental”. Como tal, hasta el día de hoy, no ha sido “oficialmente” superada, y como consecuencia, ha marcado de forma decisiva, el desarrollo de la ciencia, de la psicologia, y de la religion modernas.

En este contexto, el joven Steiner lucha denodadamente por encontrar un camino “verdaderamente” científico que permita al hombre moderno, por un lado, salir del laberinto en que lo ha encerrado Kant, y por el otro, encontrar un camino “certero” hacia el autodesarrollo y la libertad, basado en el auto-conocimiento.

Ya siendo muy joven, Steiner ha tenido una experiencia clave que le permitirá, mas tarde, describir este camino de salida de un modo filosófico y epistemológico, creando con ello la base de una visión del mundo o “Weltanschauung” diferente, y con ello, la posibilidad de una “ciencia” diferente, de una ciencia no opuesta a lo espiritual, sino en completa armonía y concordancia con ello. Esta experiencia no es, ni más ni menos, que la experiencia de la geometría. En efecto, el jovencísimo Steiner, al leer su primer libro de Geometria, se sorprende al encontrar en el libro, en las figuras geométricas, algo que el mismo percibe como realidades suprasensibles que forman parte de la realidad que le rodea.

Hoy, en efecto, sabemos que las formas geométricas se encuentran en la naturaleza por doquier, en la formación de la hélice de crecimiento de las plantas, en los panales de las abejas, en la estructura de la materia, etc…. pero el punto importante no está tanto en su presencia, sino “en que capacidad usamos” para reconocer dichas formas. Este será el punto clave que a partir de 1882 el Joven Steiner utilizará como punto de apoyo para el desarrollo de su epistemología, de su Gnoseologia, y que escribirá en tres libros fundamentales: Verdad y Ciencia, su tesis doctoral en la Universidad de Rostock, La Teoría del Conocimiento basada en la concepción Goetheana del Mundo, y finalmente, La Filosofía de la Libertad en 1894.

En efecto, gracias a su peculiar disposición hacia lo suprasensible, el joven Steiner había podido “percibir” las formas geométricas como formas activas en la creación del mundo natural, como fuerzas formativas de la naturaleza toda, antes de reconocerlas en libro alguno. Al encontrarlas en el libro de geometría, el joven Steiner reconoce dichas formas, pero en este caso las formas han llegado al libro a través no de una percepción directa, sino “a través del pensamiento humano”. Es decir,  ¡¡el pensamiento humano es, en si mismo, un camino que permite la percepción de lo suprasensible!! Este era el puente que estaba buscando y que años mas tarde describiría de forma filosófica.

Sin embargo, el pensamiento tiene una característica especial respecto a la percepción clarividente: en el caso de esta última, la percepción, sencillamente, “sucede”. No es una percepción voluntaria, del mismo modo que, en la vida cotidiana, abrimos los ojos y vemos, o el sonido de la calle llega hasta nuestros oídos. Podemos cerrar los ojos, pero no podemos impedir que la luz atraviese los párpados, del mismo modo que no podemos cerrar nuestros oídos. No depende de nosotros percibir el mundo, solo como reaccionamos ante la percepción misma.

1000-aloe_espiralSin embargo, en el caso del pensar humano, se trata de una actividad producida por el hombre mismo. Se trata aquí de una actividad enteramente libre. Es el hombre mismo quien produce su propio pensar (no los conceptos, sino la actividad pensante), y por ello, un estado completamente nuevo, excepcional, hace acto de presencia mediante el uso del pensar humano, que no esta presente, en principio, en ningún otro ámbito: la libertad humana.

Así, Steiner descubre no solo un puente entre el mundo científico moderno, basado en la capacidad pensante del hombre actual, sino que además, descubre que en dicha actividad pensante se manifiesta un estado totalmente nuevo en la historia humana: la posibilidad de generar algo de forma completamente “libre”.

Esta experiencia permite a Steiner aventurarse en el proceso de perder la clarividencia, llamemos, antigua o heredada, para desarrollar lo que podríamos denominar, una nueva clarividencia, basada en la intensificación de las fuerzas ya presentes en el proceso de desplegar la actividad pensante humana,

Todo lo descrito anteriormente, debidamente desarrollado en los tres libros antes indicados, muestra al hombre moderno la salida del laberinto Kantiano. Dejo al lector el ejercicio de realizar la lecturas correspondientes, y encontrar por si mismo y por su propia experiencia dicho camino “de salida”.

Sin embargo, una cosa es ver el puente, y otra muy distinta, cruzarlo, con todos los obstáculos que ello implica. En efecto, el hombre moderno y la ciencia natural, basa su certeza en la supuesta tangibilidad del mundo exterior. El hombre moderno solo cree en lo que “ve” y en lo que “toca”, ¡¡a pesar de afirmar, por otro lado, que dichas experiencias son ilusorias!! En cualquier caso, el mundo externo se considera “objetivo”, es decir un mundo de objetos independiente del hombre, y el mundo interior, un mundo “subjetivo”, esto es, generado por el sujeto, y por tanto dependiente del mismo. Al primero le otorgamos certeza y existencia “per se”, y al segundo, lo consideramos fantasioso, ilusorio, y por tanto, inexistente “per se”, pues solo existe en cuanto que el sujeto lo produce.

Sin embargo, desde el momento en que la propia actividad pensante es generada por el ser humano mismo, y siendo la actividad pensante la herramienta que el ser humano usa para “conocer” y alcanzar certeza, pareciera que eliminamos la potencial objetividad del acto de conocer humano, y lo sometemos todo al arbitrio de la subjetividad y la ilusión.

Nada más fuera de la realidad, si uno es un observador agudo. En efecto, la pregunta clave aquí sería si las ideas o conceptos que el ser humano experimenta en la actividad pensante, son entes “per se”, o son por el contrario, creaciones humanas subjetivas. La moderna psicologia responderá lo segundo, derivándose de la visión kantiana de la que ya hemos hablado antes. Sin embargo, el joven Steiner disecciona el acto de conocimiento humano con una observación precisa, cual cirujano experto, y encuentra en dicha observación la clave que le permitirá cruzar hasta el otro extremo del puente, superando los peligros del camino del conocimiento: la ilusión, la arrogancia, y el miedo.

Este y no otro es el camino hacia la certeza espiritual, o hacia la experiencia “científico-espiritual”, esto es, la segunda parte del camino comentado más arriba. Dicho de otro modo, el joven Steiner, una vez que ha sido capaz de indicar el error de la visión del mundo arriba indicada, el “Idealismo trascendental”, se re-formula la pregunta: ” ¿puede conocer el ser humano de forma objetiva, de un modo que le permita obtener certeza? ¿Es capaz el pensar humano de ser el medio que permite al hombre conocer objetivamente, con certeza, más allá de toda duda, cualquier experiencia que venga a su encuentro, ya proceda del mundo exterior o del mundo interior?….

Esta es la pregunta que nos formula el joven Steiner con solo 33 años, en 1894, en su libro “La Filosofia de la Libertad”. En el original aleman, podemos encontrar la frase “¿Puede el pensar humano ser la base de toda experiencia que le llega al hombre desde el exterior o desde el interior, pues la duda y el juicio critico conducen siempre a la esfera de lo incierto?

La apostilla final, querido lector, es clave para entender la dirección que toma Steiner en su observacion científica. No se trata de usar “la duda y el juicio critico”, sino un pensar que no se basa en ellos. ¿Y porque es tan importante dicha observacion?…por el hecho de que el uso de la duda y del juicio critico, han sido la forma de pensamiento preponderante desde Descartes, en el siglo XVI, y su ya famoso “Pienso luego existo“, y es esa forma de pensamiento la que nos ha llevado hasta el laberinto kantiano. Se trata por tanto de descubrir si existe la posibilidad de “pensar” de otro modo, no mediante el juicio critico, y su compañera inseparable, la duda metódica.

Por tanto, el joven Steiner propone no ya unir dos esferas tradicionalmente opuestas como la religión y la ciencia, sino hacerlo a través de una nueva forma de pensar, de una nueva “Gnosis”, de un nuevo modo de conocer. Esto situa su intento en el terreno de la “epistemología”, es decir, no se trata ya de un creador de conocimiento, sino de un creador de un modo de conocimiento. 

Este modo de conocimiento es el único camino posible para al ser humano moderno, en su necesidad de pasar del estado dualista de separación entre la ciencia natural y la metafísica,, hacia lo que más tarde Steiner llamará “Antropos-the green snakeSofia”, o “Ciencia del Espíritu”., esto es, una concepción del mundo “monista”, en la que lo físico y lo metafísico no están separados, sino que se entrelazan de modo continuo en la formación de la la realidad, con el ser humano como co-creador de la misma.

Por ello, no es posible en modo alguno experimentar “Antropos-sofia” mediante el uso del pensar científico ordinario, es decir, mediante el uso de la duda y el juicio critico. O dicho de otra manera: Antropos-Sofia es la experiencia del “puente” entre el mundo sensible y el mundo suprasensible. Esto es lo que quiere decir “Sofia a través  de lo humano (Antropos)”, así como tambien, en sentido contrario, la definición de Antroposofia dada por Rudolf Steiner y harto conocida: “La Antroposofia es un sendero de conocimiento que quisiera conducir lo espiritual en el hombre a lo espiritual en el Universo”. Ambas definiciones representan las dos direcciones del puente: de lo sensible a lo suprasensible, y de lo suprasensible a lo sensible. Fuera de este puente, inevitablemente uno ha de situarse o en la esfera de la creencia, de la percepción mediumnistica, o de la percepción subjetiva interior, tradicionalmente asociadas al dominio de lo “Espiritual” o “Religioso”, o bien en el dominio de la duda y el juicio critico, metodo tradicionalmente ligado al proceso científico. Ambas tendencias han de ser superadas para acceder al puente que permite la conexión entre ambos mundos, al puente de  “Antropos-sofia”.

(continuará…..)


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Negando el beneficio y negando el egoismo. La nueva religión económica de la concepciones alternativas.

Esta crisis, como todas, presenta varios aspectos positivos.
Uno de ellos, es el hecho de que mucha gente se pregunta hoy en día sobre el dinero, la economía, y las finanzas. De alguna manera, asistimos a un cierto despertar del ser humano moderno a los procesos de la esfera económica del organismo social.

Este proceso no es nuevo. Ya desde mediados o finales de los años 90 del siglo XX, existe un movimiento, así llamado, de economia ética. La Banca Ética nace en Europa a principios de los años 80 del siglo XX, y por supuesto, desde bastante antes existen los movimientos así llamados “verdes” o medioambientales, que a lo largo de los años se han vinculado con la idea global de sostenibilidad.

En este mismo impulso, y de forma algo más reciente, han cobrado fuerza ideas mas específicas, como por ejemplo, la Economía del Bien Común, de Christian Felber, o las ideas de la Economía Islámica, coincidentes en ciertos aspectos con las ideas de la Economía Ética y la Economía Sostenible, como por ejemplo, la eliminación de los tipos de interés, y la calificación de la economía financiera como economía irreal, o economía especulativa.

Todos estos movimientos emergen como una reacción al aparente triunfo del capitalismo en el mundo occidental, desde finales de los años 60 del siglo pasado, y en especial desde los años 90, con la caida del muro de Berlin, y del modelo económico comunista. El primero en aparecer fue el movimiento verde, que cobró gran auge en Alemania y en los países de su entorno, en los años 70 y 80 del siglo pasado, incluso desde el punto de vista político, y que nació de las ideas de tipo “new age” sobre la naturaleza y el planeta tierra como una entidad orgánica e incluso viva (Gaia), que se gestaron en gran parte del movimiento hippy.

Mas tarde, llegarían las ideas sobre economía e inversión ética, abarcando movimientos como el “comercio justo”, que penaliza el beneficio “excesivo”, y propone precios de compra más altos para los productores en origen, a costa de un menor margen de beneficio para los distribuidores y consumidores; o la diferenciación entre “sectores éticos” y “sectores no éticos” de cara a definir la ética económica.

Finalmente, frente a la crisis actual, se han propagado enormemente las ideas sobre los tipos de interés y sobre el bien “colectivo”, dada la conexión aparente entre capitalismo, economía financiera, tipos de interés y egoísmo o comportamiento individualista.

Todos estos movimientos, por tanto, se basan en un conjunto de ideas comunes, que se han ido agrupando a lo largo de los años, y de las que me gustaría destacar tres grandes ideas, que a mi parecer son la base teórica principal de todas las demás:

  • La “maldad” del egoísmo humano, que en su comportamiento individualista, actúa de un modo tal que genera destrucción y consecuencias antisociales. La expresión mas clara, y por tanto más dañina de este egoísmo en el terreno económico, es la búsqueda del beneficio individual como leit-motiv principal.
  • La incapacidad de la economía para generar, per se, armonía social. En tanto que la economía se basa en la acción individual que busca el máximo beneficio, tiende a generar situaciones socialmente injustas, y por tanto es necesario equilibrar dicha injusticia mediante una acción correctora o equilibrante, que genere un “valor social” que compense la búsqueda excesiva de “valor económico”.
  • La existencia de actividades “éticas” frente a otras “no éticas”, o en su defecto, de formas “éticas” frente a formas “no éticas”, de tal modo que la actividad que se ejerce, o como se la ejerce, determina la ética de la organización económica en cuestión.

Finalmente, solo quiero añadir, que muchos Antropósofos consideran que Rudolf Steiner se enmarca dentro de estas corrientes alternativas, puesto que se identifica espiritualidad con “armonía social”.

Nada más lejos de la realidad, puesto que la concepción económica de Steiner, no solo no se acerca a las concepciones citadas, sino que se puede calificar como más cercana al capitalismo, como no podía ser de otro modo, pues Steiner se consideraba a si mismo como “Anarquista-individualista”, en su famosa carta al anarquista Henry MacKay. En efecto, la concepción económica de Steiner es más cercana a la ciencia económica actual que a las economías alternativas, por mas que a algunos Antropósofos y simpatizantes se les ericen los pelos al escucharlo.

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