¡Quieran Oirlo los Hombres!

Conversaciones sobre Antroposofia

El Alma: El Pilar de España

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EL ALMA

EL PILAR DE ESPAÑA

Una noche de verano la contemplé sorprendida.… Caminaba de puntillas, pies descalzos, amplia falda que sus manos recogían. Corpiño escueto de seda,
rosas su falda tenía sobrepuestas sobre gasas de mil colores que hacían recordar nubes rosadas, verdiazules, amarillas. ¡Tan despacio caminaba! Y cuando se detenía en el seguir su mirada encontrando las esferas suspendidas… Atentamente las mira y volviendo su cabeza con candor me sonreía. Sus cabellos recogidos con un nudo en la base de su nuca, la más sutil ligereza va pisando de puntillas. Sigo con tiento amoroso sus pasos y su mirada, girando como ella gira… Ella, de tanto en tanto me mira, en el mirando me indica las esferas suspendidas que giran unas despacio, otras giran más deprisa y en el girar van pintando la noche de luz tejida, tejida y entretejida.
 
Ya amanece la mañana, empujada por la Aurora, la noche ya se retira a las amplias lejanías.
En contemplando la Aurora olvidando su presencia mientras se aposenta el día ella aparece de nuevo ¿Dónde su falda ha dejado, donde las rosas, donde el candor? ¡No camina de puntillas!
– ¿No ves que ha llegado el día?
Ya la veo muy dispuesta a caminar por la vida con zapatos de tacón, su melena sobre los hombros caída. Sonriendo me va indicando el camino
a las tareas del día. Como coser y cantar es el ir a la oficina, solucionando problemas, organizando la vida como si todo supiera…
– Yo le digo ¡enséñame!
– Muriéndose de la risa… ¿Yo enseñarte? ¿A que quieres que te enseñe?
-¿Cómo aprendiste, querida, a ser tan dispuesta y lista?
– ¿Aprendeer? ¡Que yo ya vengo sabida! Las esferas me enseñaron como se teje la vida; el como no lo recuerdo, me enseñaron a tejer entre la noche y el día, entre la muerte y la vida.
– ¡No me digas!
Quiere llevarme a un jardín para contarme su vida. ¡Y me cuenta!… Escuchando sorprendida voy conociendo sus pasos, sus entresijos del alma,
se me muestra envejecida cuando narra que no se entiende con nadie porque ella ve la vida de una manera distinta.
– ¡Casi, casi no me entiendo siquiera conmigo misma!
– ¡Pobrecilla!
Lágrimas desconsoladas se le transforman en ira.
El interés por su vida me va mostrando el camino, un camino que no pisa de puntillas. De pronto en un exabrupto me pregunta
-A ver, ¿Y tú como ves la vida?
– Ahora eres tu la vida, le respondo, y me interesa tu vida. Escuchando tus palabras, tus tonos, tus melodías…
– ¿Qué sensación te han causado?
– Más que sensación me indican que todo lo que tú sabes lo aprendiste,
habita dentro de ti…
– ¿Dentro de mí? ¡Dentro de mi solo hay tripas¡ – me dice mientras se da golpecitos en la tripa. – Vamos a tomarnos algo… Yo conozco todos los bares del barrio – dice tirando de mí con energía infinita.
Comienza a hablar sin parar de todo lo que le llega del entorno aunque no mira. Ella es la calle y la brisa, se funde con lo que pasa, habla de ello… ¿te das cuenta? me decía – Ella es al mismo tiempo lo que pasa y lo que mira
más ella no se da cuenta, habla de cosas distintas. Sensaciones ignoradas hieren su alma escondida.
 
Ya sentadas en la barra de aquel bar -que dice tanto le gusta- comienza a hablar de política. Ya surgen las dos españas, dice que ella es anarquista,
 
– Anarquista independiente…
 
– Yo le digo ¿me permites que me ría?
– Y tú ¿que eres?
– Yo soy burguesa perdida y haré la revolución en silencio cada día.
– ¿La revolución burguesa? ¡No me digas!
– La revolución pendiente, silenciosa e interior…
– ¿Revolución interior?
– Si mi niña, la del corazón que piensa pero no la de las tripas. La revolución que piensa, tal como piensa la Vida.
– No se si te entiendo mucho, ¿Cómo piensa el corazón?
– Ya te dije… tal como piensa la Vida.
– ¡La vida que va a pensar, la vida es para vivirla…!
– No lo olvides… de vivir hay muchas formas…
– ¿Vivir de formas distintas?
– Escúchate, solo me hablas de cómo vives la vida, no te enteras de la vida.
– ¡Caramba la burguesíta! Te hablo de todas las sensaciones que a mi me causa la vida y me tiene “destrozá”, de veras, “destrozaita”. Ni me entienden, ni yo entiendo; todos me quieren mandar, me dicen lo que de hacer, como he de hacerlo me indican, incluso los mil por qués, y me marcho de un portazo de casa y de la oficina. Todo, todo me critican, mis cabellos, mis vestidos… Me dicen: mira que te has de estrellar
– Estrellada tu ya estás, eres pura estrella fija
– Pues no paro, voy buscando sin parar…
– Para un poquito mi niña. Escucha…
– ¡Yo tengo muy buen oído!
– Escucha… Mira y escucha.
– ¡¿No ves que lo veo todo?, no se me escapa ni un silbo!
– Mira, contempla y escucha. Guarda silencio, escucha tu alma escondida. – –
 
– ¿Mi alma escondida?
Y con sus manos recoge aquello que nos rodea y me dice compungida
– Esta es mi alma y no me digas que está dentro… Mi alma es toda la tierra y la vida…
– ¡Santo Cielo!
De pronto cambia de tono y parece interesada por mi vida
– Y tú ¿a que te dedicas? ¿Tú no vas a la oficina?
– Me dedico a ir a buscar almas como tú ¡tan ricas!
– ¡Pues yo no tengo ni un chavo!
– Si tu alma es toda la tierra, si tu alma es toda la vida, imagina la riqueza que te habita.
– ¡Vamos que soy una mina!
– ¡De puro carbón, mi niña!
– ¡Pues me quemaran un día!
– Ya te quemas tu solita…
– ¿Qué te parece, querida, si miramos el carbón a la clara luz del día?
– ¡Si tú eres una burguesa, el carbón te mancharía!
– Si me mancho ¡que alegría! Así limpiaré las manchas de tu vida y de la mía.
– ¡Que poco tienes que hacer! ¡Limpiar manchas de la vida!
 
 
 
La noche se va acercando descendiendo de las amplias lejanías.
 
– ¡OH noche, luz de mis días! -recita muy convencida. Ya me marcho, ¿Dónde vas? ¿Te llevo?
– Deja, yo prefiero ir caminando recogiendo las memorias de este tan precioso día.
Me da un beso, un beso casi furtivo, y se marcha muy derecha sobre sus tacones finos con plataforma incluida.
Contemplando mis zapatos… ¿Cómo podrá caminar tan derecha, tan erguida? Su melena despeinada va danzando con la brisa. De pronto empieza a correr, viene hacia mí, sin respiración me dice:
– Oye, eso del carbón me gusta, ¿bajaremos a la mina?
– Sacaremos tus diamantes a la clara luz del día.
Yo te llamo…
¡Cuando tú quieras bonita!
***
¡Y vaya si me llamó! de todo menos bonita. ¡Nos hicimos muy amigas!
Y fueron sus soledades de las horas más bonitas. Silenciosas soledades…
– No te olvides -me decía: Las soledades sonoras que antes nunca escucharía.
Cuando otros hablan, su canto, tras escuchar el silencio, me relata mucho más que las palabras dirían. Hoy mientras escucho veo y cuando veo la escucha me permite contemplar cómo la mirada activa a mi alma le da pistas.
– ¿Ahora ya no te despistas?
– Solo si lo quiero, amiga.
Es rotunda, no tiene ningún remilgo. Con tacón y plataforma incluida pisa fuerte por la vida.
– Si, a pesar de los tacones, puedo pisar de puntillas con plataforma incluida.
Alguien me enseñó algún día a contemplar los colores de los campos, de los cielos, de la vida. Nadie me dice hoy en día el como vivir la vida. Ahora la Tierra toda, ahora toda la vida, dentro y fuera me relatan distinta historia y la misma.
Es su melena la misma, descuidada y oscurilla. Su cuerpo enjuto, su piel cetrina.
– Voy a los mismos lugares donde antes me divertía a iluminar sus oscuras profundidades ignotas con estrellas florecidas.
Los diamantes que se ocultan en las más profundas minas.
Me presenta a sus maestros en la bajada a la mina.
– Aquí La Ciencia y El Arte, -con ceremonia me indica- A veces arte científico, a veces la ciencia artística. Son un matrimonio vivo y de ellos soy la hija. Los adopte por mi misma. Ellos estaban en mí aunque yo no los veía. Ellos están escondidos en la Tierra y en la Vida.
– ¡En tu alma!
– Si, en mi alma, aquello que yo llamaba Tierra y Vida. Ahora se que entrambos incluyen al Hombre, a la humanidad todita. Entre ambos me regalan la capacidad bendita de vivir las diferencias con inaudita alegría. Y te diría algo más la felicidad legítima de contemplar el error con amor, con alegría.
 
– ¡Ay mi niña!
– Ahora el error es la masa y con ella hago pasteles panes de ácimo, rosquillas, magdalenas y tortitas. Por cierto que en la cocina no estoy sola, somos muchos, las rosquillas son distintas cada día, ¡alguno enrosca en cuadrados! Las magdalenas a veces parecen ricas tortitas. ¡Es la mar de divertido el cocinar en pandilla!
 
– ¡¿Por fin ya tienes pandilla?!
– Fui educada por un guerrero, también me educó una mística. Me enseñaron a no juntarme con otros ¡solo con los que son como tu! me decían.
 
– ¡Caramba, ¿La Mística y la Conquista dieron la forma a tu vida?!
 
– La Mística me dio Ciencia, La Conquista me hizo Artista. La Ciencia Espiritual, ella, Antroposofía une las dos en si misma. Mientras buscaba esa unión me encontré con la pandilla.
 
– ¡Justo lo que te prohibían!…
 
-Me voy, he quedado con la panda a recoger la cocina, cada vez que nos juntamos la dejamos…
 
– ¡Manga por hombro, mi niña!
 
– Mejor… Para limpiar la cocina nos hemos de juntar más, si la dejáramos limpia solo nos encontraríamos en fechas establecidas.
 
– ¿Te callaras algún día?
Así es ella, tiene la última palabra le digas lo que le digas.
Y clic clac, taconeando, subida en su plataforma y pisando de puntillas me da un cariñoso beso y se dirige a la cocina.
¿Dónde estará esa cocina?
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Autor: joaquinaguado

Nacido en Granada, España. He vivido en Holanda y en Finlandia, y actualmente vivo y trabajo en Madrid, España. Mi impulso vital principal es ayudar a desarrollar una nueva forma de relación económica y social, centrada en el ser humano. Para ello, es esencial , desarrollar una nueva conciencia sostenida en la capacidad de escuchar (percibir) con toda atención. Tengo la profunda convicción de que la conversación, como decía Goethe, es la fuente de cualquier futuro creador entre los seres humanos.

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